Cómo se pintan rejas oxidadas para que el óxido no vuelva a salir

Si el óxido vuelve a salir al año, el problema casi nunca es la pintura. Te contamos cómo preparamos y pintamos rejas y barandillas de hierro y dónde suele fallar el trabajo.

Reja de hierro de una ventana con zonas de óxido en los barrotes

Hay una escena que vemos cada primavera: una reja de ventana o una barandilla de terraza que se pintó hace un año o dos y ya tiene otra vez manchas marrones en las uniones y burbujas en la pintura. El dueño suele pensar que compró una pintura mala. Casi nunca es eso. El óxido vuelve porque se quedó debajo, porque el agua encontró por dónde entrar o porque la pintura no llegó a los rincones donde más falta hacía.

En este artículo te contamos cómo pintamos las rejas oxidadas, con qué productos y en qué orden, y sobre todo dónde está la diferencia entre un trabajo que dura y uno que hay que repetir al poco tiempo. Sirve igual para rejas de ventana, barandillas, verjas de parcela y cancelas de hierro.

Por qué las rejas vuelven a oxidarse

El hierro se oxida cuando le llega agua y oxígeno. La pintura es una barrera, y en cuanto esa barrera tiene un fallo el óxido avanza por debajo, levantando la capa como si fuera una costra. Los fallos más habituales son tres.

El primero es pintar encima de óxido suelto. Si quedan escamas o polvo de óxido, la pintura se agarra a ellas y no al metal; con el primer cambio de temperatura, todo se despega junto. El segundo es una película demasiado fina en aristas, soldaduras y esquinas: la pintura tiende a retirarse de los cantos vivos y ahí queda casi sin protección. Y el tercero es el agua que se queda quieta: en la base de los barrotes empotrados en el muro o en el suelo, en la parte de arriba de los pasamanos planos o dentro de tubos huecos con agujeros sin sellar.

En las rejas de los bajos de los bloques de los años 60 y 70 de muchos barrios de Madrid lo vemos constantemente: veinte capas de pintura, una encima de otra, y el hierro debajo comido por la base. Echarle otra mano más solo tapa el problema unos meses.

Detalle de óxido acumulado en las uniones y soldaduras de una reja de hierro
Las uniones y soldaduras son los primeros puntos por donde vuelve el óxido

Preparación: cepillado, lijado y desengrasado

Aquí se juega el resultado. Lo que hacemos depende del estado de la reja, pero el orden es siempre parecido:

  1. Proteger alrededor: fachada, suelo, cristales y marcos, porque el cepillado suelta polvo de óxido que mancha.
  2. Quitar todo lo suelto con rasqueta, cepillo de púas metálicas y, en superficies grandes, cepillos de copa o discos en taladro o radial, hasta dejar el metal sano o el óxido firme y bien adherido.
  3. Lijar la pintura vieja que sigue bien pegada para matearla y que la nueva agarre, y suavizar los bordes donde se ha desconchado.
  4. Desengrasar y limpiar el polvo; la grasa de las manos o de las bisagras es suficiente para que una imprimación no agarre.
  5. Dejar secar bien antes de imprimar. Una reja que ha recibido rocío de madrugada no está seca a las nueve de la mañana.

¿Se pueden pintar rejas sin lijar? Si la pintura vieja está entera y bien adherida y no hay óxido, basta con limpiar, desengrasar y matear un poco. Si hay óxido, no: hay productos que se venden para aplicar "directamente sobre el óxido", y funcionan sobre óxido firme, pero ninguno se agarra a escamas sueltas. El famoso truco del calcetín o el guante empapado en pintura sirve para retocar rápido, pero deja una capa finísima y no llega a los rincones, que es justo donde nace el óxido.

En rejas muy deterioradas, con muchas capas o con pérdida de material, lo más eficaz es desmontar y llevar a chorrear, o cambiar los tramos podridos. Eso ya es trabajo de cerrajero, y si lo vemos necesario te lo decimos en la visita.

Cepillado del óxido de una reja metálica con cepillo de púas

Imprimación antioxidante o convertidor de óxido

Son dos cosas distintas y a veces se confunden. El convertidor de óxido es un producto que reacciona con el óxido que queda firmemente pegado (el que no sale ni cepillando) y lo transforma en una capa estable y oscura sobre la que se puede pintar. Es útil en rincones, soldaduras y piezas con mucha forja donde no se puede llegar al metal limpio.

La imprimación antioxidante es la primera mano de pintura: lleva pigmentos anticorrosivos (como el fosfato de zinc) que protegen el hierro y dan agarre al esmalte. Es la base de cualquier trabajo serio. La damos a brocha, apretando en las uniones y en los cantos, y en las zonas más castigadas, como bases y soldaduras, damos una segunda mano de imprimación solo en esos puntos.

Lo que no conviene es saltarse la imprimación y dar directamente el esmalte de acabado, salvo que el propio producto esté formulado para eso y el soporte esté limpio. Y si la reja es de hierro galvanizado, en lugar de hierro normal, la imprimación tiene que ser específica de adherencia; lo explicamos en el artículo sobre cómo pintar una puerta de garaje galvanizada.

Aplicación de imprimación antioxidante con brocha sobre metal
La imprimación se aprieta con brocha en uniones y cantos

Esmalte: brocha, rodillo o pistola

El acabado suele ser un esmalte, sintético o acrílico al agua, en mate, satinado o brillo. El negro satinado sigue siendo el más pedido para rejas, aunque cada vez nos piden más gris antracita o el mismo tono de la carpintería. Son siempre dos manos de acabado sobre la imprimación.

La herramienta depende de la pieza. En rejas de ventana y barandillas con barrotes, la brocha es la reina: llega a todas las caras y empuja la pintura en los rincones. El rodillo pequeño de esmaltar va bien en pletinas, pasamanos y paños de chapa. La pistola (trabajamos con HVLP y Airless) da un acabado muy fino y rápido en verjas largas, cancelas y puertas, pero en obra hay que tapar muy bien todo lo de alrededor, porque la niebla de pintura viaja; y aun así repasamos uniones a brocha.

Un detalle de oficio: no hay que cargar demasiado cada mano. Una capa gruesa en un barrote vertical acaba descolgando y dejando lágrimas; dos manos bien estiradas protegen más que una a lo bruto.

Puntos críticos: uniones, soldaduras y bases

Si tuviéramos que quedarnos con una sola idea de este artículo sería esta: el óxido vuelve por los mismos sitios, así que ahí es donde hay que poner el cuidado. Las uniones entre barrotes y pletinas, las soldaduras, las bisagras y cerrojos de las cancelas, la parte alta de los pasamanos y, sobre todo, las bases empotradas en el muro o en el suelo.

En las bases, además de cepillar bien, conviene sellar la junta entre el hierro y la obra para que no se quede agua estancada. En los tubos huecos, tapar los agujeros por donde entra el agua de lluvia. Y en las aristas, dar una pasada extra de imprimación antes de la mano general. Son minutos por reja, y marcan la diferencia entre que la pintura dure o no.

Cada cuánto repintar

Depende mucho de la exposición. Una reja de ventana a norte en una calle tranquila no sufre lo mismo que una barandilla de terraza a sur o una verja junto al riego del jardín, que se moja todos los días. Lo que sí recomendamos siempre es revisar las rejas una vez al año, mejor después del invierno, y retocar a tiempo cualquier punto donde la pintura se haya abierto. Un retoque de diez minutos en una unión evita tener que decapar la reja entera dentro de unos años.

Si las rejas de tu casa están ya en las últimas, o tienes un conjunto de rejas, barandillas y verja que quieres dejar a juego, te podemos dar precio; tienes una orientación en el artículo sobre el precio de pintar rejas y barandillas. Y si prefieres que lo hagamos nosotros, en nuestra página de pintura de rejas, barandillas y puertas de garaje explicamos cómo trabajamos, o puedes pedir presupuesto directamente desde aquí.

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