¿Quitar el gotelé o taparlo? Raspar, alisar con masilla o poner pladur

Raspar, cubrir con masilla o forrar con pladur: las tres sirven para decir adiós al gotelé, pero no cuestan lo mismo ni dejan la misma pared. Cómo elegir según el tuyo.

Operario cubriendo con masilla una pared con textura antigua

Cuando alguien decide que no aguanta más el gotelé, lo primero que se pregunta es cómo quitarlo. Y la respuesta corta, que a veces sorprende, es que en la mayoría de los casos no se quita: se tapa. Pero hay pisos donde raspar tiene sentido, y otros en los que lo mejor es olvidarse de la pared vieja y forrarla con pladur.

Te explicamos las tres opciones, cómo saber qué tipo de gotelé tienes y cuál te recomendaríamos según tu caso. Con la experiencia de muchos pisos de Madrid detrás, de esos de los 60 y 70 donde el gotelé está hasta en el techo del baño.

Las tres opciones para eliminar el gotelé

La primera es retirarlo: raspar el gotelé hasta llegar a la pared de debajo. Funciona razonablemente bien cuando el gotelé es al temple y sale con agua, y bastante mal cuando es de pintura plástica.

La segunda es alisar con masilla, es decir, taparlo. Se fija el gotelé que hay y se cubre con varias manos de masilla hasta que desaparece el relieve y queda una superficie nueva, lisa, lista para pintar. Es lo que se conoce como alisar paredes sin quitar el gotelé, y es lo que hacemos en la mayoría de pisos.

La tercera es el trasdosado de pladur: se colocan placas de yeso laminado delante de la pared antigua, pegadas o sobre una estructura metálica. La pared vieja queda escondida detrás, con su gotelé y todo.

Cómo saber qué tipo de gotelé tienes (temple o plástico)

Hay una prueba muy sencilla. Busca una zona discreta, por ejemplo detrás de un armario o de una puerta, y frota el gotelé con una esponja bien empapada en agua templada. Espera un par de minutos y vuelve a frotar.

Pared con gotelé blanco con una mancha de humedad y una esponja amarilla en un cubo
La prueba de la esponja: si el gotelé se ablanda y mancha, es temple

Si el gotelé se ablanda, la esponja se mancha de blanco y puedes rascarlo con la uña, es temple. Es el gotelé clásico de muchos pisos de los años 60 y 70, hecho con pintura a base de agua y cola. Si no pasa nada, el agua resbala y el relieve sigue duro, es pintura plástica, o temple que se ha pintado encima con plástica, que es otro caso muy frecuente.

Un aviso: si tu vivienda es anterior a 2002 y tienes dudas sobre el revestimiento, antes de rascar conviene leer lo que contamos sobre gotelé y amianto. No se trata de alarmarse, sino de no lijar ni raspar en seco algo que no sabemos qué es.

Opción 1: raspar o retirar el gotelé

Con gotelé al temple, el proceso clásico es mojar la pared por zonas, dejar que el agua ablande la pintura y rascar con espátula ancha. Sale, pero es un trabajo lento y sucio: se forma una pasta que cae al suelo, mancha rodapiés y se pega a todo. Con gotelé plástico es mucho peor: el agua no lo ablanda, y quitarlo exige rascar en seco o con productos decapantes, con mucho polvo, mucho tiempo y el riesgo de arrancar trozos del yeso de debajo.

Y aquí está la parte que no se cuenta: debajo del gotelé casi nunca hay una pared lista para pintar. El gotelé se usaba precisamente para disimular paredes mal acabadas, así que al quitarlo aparecen yesos ondulados, parches, golpes y juntas. Para dejar esa pared lisa de verdad hay que plastecerla y, muchas veces, masillarla entera. Es decir, acabas haciendo buena parte del trabajo de la opción 2, pero después de haber raspado.

Pared con la mitad del gotelé raspado y la otra mitad todavía con textura, con una rasqueta junto al rodapié
Al raspar aparece la pared original, que casi nunca está lista para pintar

Raspar solo compensa en casos concretos: un gotelé al temple muy suelto, que ya se cae, o cuando hay tantas capas que cubrir con masilla quitaría demasiada definición a molduras o esquinas.

Opción 2: alisar con masilla (tapar)

Es la opción que más usamos, tanto con gotelé plástico como con temple bien fijado. El proceso, resumido: una mano de fijador para consolidar lo que hay, tres manos de masilla proyectada con Airless (dos de tapagota y una de acabado fino), tendidas con llanas de más de 50 cm, lijado completo, otra mano de fijador para sellar, revisión con focos a contraluz y corrección de lo que aparezca, y pintura plástica lavable. Lo explicamos paso a paso en cómo quitan el gotelé los profesionales.

Las ventajas son claras. Se hace mucho menos barro que raspando, no se arranca el yeso, la pared resultante es nueva y homogénea, y el grosor que se añade es de apenas unos milímetros, así que no hay que tocar enchufes, rodapiés ni marcos. Con el temple hay que tener un cuidado especial al fijar, porque es la parte débil: si el temple está muy suelto en alguna zona, esa zona se sanea antes.

La desventaja es que exige oficio. Una masilla mal tendida o mal lijada se nota más que el propio gotelé. Por eso tanto énfasis en la llana grande y en la revisión con focos.

Opción 3: trasdosado de pladur

El pladur no quita el gotelé: lo esconde detrás de una pared nueva. Puede ir pegado directamente a la pared con pasta, que resta poco espacio, o sobre una estructura de perfiles metálicos, que resta bastante más pero permite meter aislamiento y pasar instalaciones por detrás.

Tiene sentido cuando además quieres aislar térmica o acústicamente, por ejemplo una pared medianera con un vecino ruidoso, o una fachada fría en un piso orientado al norte. También cuando la pared está tan mal (humedades antiguas ya resueltas, grietas, tabiques muy torcidos) que alisarla sería un esfuerzo desproporcionado.

A cambio, es la opción más cara y la que más obra supone. Hay que mover enchufes e interruptores, cambiar rodapiés, ajustar marcos de puertas y ventanas y recolocar radiadores. Y después, las juntas de las placas hay que tratarlas y pintar, así que el pintor sigue haciendo falta.

Comparativa: coste, polvo, plazo y acabado

En coste, la retirada sola parece la opción más barata sobre el papel, porque lleva menos fases. El alisado completo con masilla y pintura tiene más trabajo detrás (fijador, tres manos, lijado, revisión, sellado y pintura). El pladur, con sus remates, los cambios de enchufes y rodapiés y la pintura posterior, suele ser la más cara de las tres. Pero ojo: si después de raspar hay que plastecer y masillar la pared para dejarla lisa, la diferencia con el alisado se acorta mucho o desaparece. Lo que hace variar el precio en cada caso lo contamos en cuánto cuesta quitar el gotelé.

En polvo y suciedad, raspar el temple genera barro y raspar plástico genera mucho polvo. El alisado genera polvo solo en el lijado, que se controla con aspiración y habitaciones cerradas. El pladur genera el polvo de corte de placas y el de la obra de remates.

En plazos, el alisado de un piso de tamaño medio suele llevar varios días por los secados entre manos; raspar puede parecer rápido, pero si después hay que plastecer, el plazo se iguala; el pladur es el que más tiempo y gremios implica. Lo detallamos en cuánto se tarda en quitar el gotelé.

En acabado, un alisado bien hecho y revisado con focos y un pladur con las juntas bien tratadas dejan paredes perfectamente lisas. Un raspado sin masillar después deja la pared original, con sus defectos a la vista.

Nuestra recomendación según tu caso

Si tu gotelé es plástico, o es temple pintado con plástica, lo normal es alisar con masilla: es la opción con mejor relación entre resultado, coste y molestias. Es lo que hacemos en la gran mayoría de pisos.

Si tu gotelé es temple puro y se cae solo en muchas zonas, puede compensar retirarlo primero y alisar después. Lo vemos en la visita, con una prueba en la pared.

Si además de quitar el gotelé quieres aislar una pared, cambiar instalaciones o la pared está muy deteriorada, el pladur tiene sentido, aunque cueste más.

Y si lo que te preocupa es que algunas zonas de gotelé estén dañadas, pero en general te gusta, quizá no necesitas quitarlo: se puede reparar el gotelé para que no se noten los parches.

Habitación vacía con paredes lisas pintadas de blanco y suelo de madera clara
Con un buen alisado, la pared queda como la de una vivienda nueva

Si no tienes claro qué hacer con el tuyo

Lo más sencillo es que vayamos a verlo: hacemos la prueba en la pared, miramos el estado y te decimos qué opción tiene sentido en tu casa, sin venderte la más cara. Puedes ver más sobre cómo trabajamos en quitar el gotelé y alisar paredes o pedirnos un presupuesto sin compromiso.

Lo hacemos nosotros

Quitar gotelé en Madrid

Tapamos el gotelé con tres manos de masilla proyectada con Airless, lijamos, revisamos con focos a contraluz y pintamos con plástica lavable.

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