Cuánto cuesta quitar el gotelé: de qué depende el precio en pisos de 70, 90 y 100 metros
Dos presupuestos para quitar el gotelé del mismo piso pueden ser muy distintos y ser los dos honrados. Te explicamos de qué depende el precio y cómo comparar sin llevarte sorpresas.

Es la pregunta que más nos hacen por teléfono, y casi siempre llega con otra detrás: "es que me han dado un presupuesto que es la mitad que otro". Pasa mucho, y no siempre porque uno sea caro y el otro barato. Con el gotelé, dos empresas pueden estar presupuestando trabajos distintos con el mismo nombre. Una te raspa la pared y te da una mano de pintura. Otra te deja la pared lisa como la de una obra nueva. Las dos dirán que "quitan el gotelé".
Por eso no te vamos a dar una cifra de tabla que luego no se parezca a tu casa. Te vamos a contar qué hace subir o bajar el precio, qué tiene que incluir un alisado bien hecho y cómo leer un presupuesto para compararlo con otro. Con eso, cuando te llegue el nuestro o el de cualquiera, sabrás qué estás pagando.
Por qué no hay un precio único para quitar el gotelé
Quitar el gotelé no es un producto con precio de etiqueta, es un trabajo que depende de la pared que tienes delante. Dos pisos de 70 m² en el mismo bloque de Moratalaz pueden tener presupuestos muy distintos: uno con gotelé fino de pintura plástica en buen estado, vacío y sin techos; otro con gotelé gordo al temple, grietas en el pasillo, techos incluidos y todos los muebles dentro.
Además, cada empresa mide de una manera. Hay quien presupuesta por metro de pared y quien lo hace por metro de vivienda (de suelo). Un piso tiene bastantes más metros de pared que de suelo, normalmente entre dos veces y media y tres veces más si contamos todas las habitaciones. Por eso un precio "por metro" no se puede comparar con otro si no sabes de qué metros habla cada uno. Antes de comparar, pregunta siempre cómo se ha medido.
Retirar, tapar o alisar: el primer motivo de las diferencias
El gotelé se puede eliminar de tres maneras, y cada una tiene su coste y su resultado.
Raspar sirve sobre todo cuando el gotelé es al temple, ese que se ablanda con agua y sale con espátula. En los pisos de Madrid de los años 60 y 70 es bastante habitual. El problema es que debajo casi nunca hay una pared lista para pintar: aparecen yesos irregulares, parches y marcas. Raspar y pintar directamente es lo más rápido, pero la pared queda "ondulada" en cuanto le da la luz de lado.
Tapar con masilla es lo que hacemos en la mayoría de pisos, sobre todo cuando el gotelé está pintado con plástica y no sale con agua. Se fija lo que hay y se cubre con varias manos de masilla hasta dejar una superficie nueva. Aquí está la gran diferencia entre presupuestos: no es lo mismo una mano de masilla dada deprisa que tres manos con sus secados, su lijado y su revisión.
El trasdosado con pladur es otra liga. Tiene sentido cuando además quieres aislar, pasar instalaciones o la pared está muy mal, pero supone más obra, quita unos centímetros a cada habitación y obliga a mover enchufes y rodapiés. Lo explicamos con calma en quitar el gotelé o taparlo.

Qué cambia entre una habitación, un piso de 70 m² y uno de 90-100 m²
Una habitación
En una sola habitación pesan mucho los costes fijos: proteger, montar las protecciones, traer la maquinaria, desmontar y limpiar cuesta casi lo mismo para un dormitorio que para dos. Por eso, por metro, una habitación suelta siempre sale proporcionalmente más cara que un piso entero. Si estás pensando en hacer dos o tres habitaciones en algún momento, suele compensar hacerlas a la vez.
Piso de 70 m²
Un piso de 70 m² con salón, dos o tres dormitorios, pasillo y cocina sin alicatar suma muchos más metros de pared de los que parece. En estos pisos influye mucho lo que no se ve en el plano: si la cocina y el baño están alicatados (esos metros no cuentan), si hay armarios empotrados que hay que trabajar por dentro o no, y si el piso está vacío o habitado.
Piso de 90-100 m²
En un piso de 90 a 100 m² los metros crecen y, con ellos, los días de trabajo. Aquí suele pesar mucho el pasillo: los pasillos largos de las casas de los 70 en barrios como Moratalaz, el Pilar o Carabanchel suman muchos metros y además son los que más se miran a contraluz. También es habitual que haya más techos con gotelé y más paredes con grietas que reparar antes.
En cualquier caso, el precio real sale de medir tu casa. Si quieres una referencia de cómo trabajamos los presupuestos de los demás servicios, puedes ver nuestra página de precios.
Qué incluye un alisado bien hecho
Aquí es donde se explican las diferencias entre presupuestos. Un alisado que va a aguantar años y que no se nota con la luz rasante tiene varias fases, y cada una lleva su tiempo.
Fijador, masilla proyectada y lijado
Lo primero es una mano de fijador. El gotelé viejo suele tener polvo, pintura cuarteada o temple que se deshace, y si echas masilla encima sin fijarlo, tarde o temprano se abre. El fijador consolida la superficie y hace que la masilla agarre.
Después van las manos de masilla. Nosotros damos un mínimo de tres: dos de tapagota, que es una masilla más cargada pensada para rellenar el relieve, y una tercera de acabado fino. La proyectamos con equipo Airless, que reparte el material de forma mucho más uniforme que a mano, y la tendemos con llanas de más de 50 cm. Con una llana pequeña es muy difícil dejar un paño plano: cada pasada deja su escalón. Entre mano y mano hay que respetar el secado, y no hay atajos que valgan.
Cuando la masilla está seca, se lija entera. Es la parte más pesada y la que más se nota en el resultado: un lijado a medias deja rayas y bultos que la pintura no tapa, al contrario, los resalta.
Revisión con focos a contraluz
Después del lijado aplicamos otra mano de fijador para sellar la masilla, y entonces llega la prueba de verdad: revisamos cada pared con focos colocados de lado, rasantes. Con esa luz se ve cualquier ola, poro o marca de llana que con la luz del techo pasa desapercibida. Lo que aparece se corrige, se vuelve a lijar y se vuelve a mirar.

Esta revisión es la que separa un alisado normal de uno bueno, y es la que más se recorta cuando el presupuesto va justo. Nos pasa a menudo que nos llaman para "arreglar" un alisado hecho hace un año: de día parecía bien, pero en cuanto el cliente puso una lámpara de pie al lado del sofá, la pared se llenó de sombras.
Por último, la pintura: plástica lavable, aplicada también con Airless y con un mínimo de dos manos. Puedes ver el proceso completo, fase por fase, en cómo quitan el gotelé los profesionales.
Factores que encarecen: techos, gotelé grueso, temple
No todos los metros cuestan lo mismo. Estas son las cosas que más mueven el precio cuando vamos a ver un piso:
- Techos. Trabajar en techo es más lento, más cansado y exige borriquetas. Por metro, suele costar más que la pared. Lo contamos en quitar el gotelé del techo.
- Gotelé grueso o de gota gorda. Cuanto más relieve, más masilla y más horas de tapagota.
- Temple bajo pintura plástica. Es el caso más delicado: la plástica de encima está bien, pero el temple de debajo se suelta. Hay que fijar a conciencia o retirar zonas.
- Paredes con grietas, desconchones o humedades, que hay que reparar antes. Si hay humedad activa, primero se resuelve su origen.
- Pisos amueblados. Vaciar y proteger muebles lleva tiempo; un piso vacío siempre es más sencillo.
- Colores oscuros o cambios de color fuerte, que pueden pedir una mano más de pintura.
- Molduras, escayolas y esquinas complicadas, que se trabajan a mano.
- Plazos muy ajustados, que obligan a meter más gente a la vez o a organizar los secados de otra manera.
Hay otra cuestión que no es de precio sino de prudencia: en viviendas anteriores a 2002 se habla a veces del amianto en revestimientos antiguos. No todo el gotelé lo lleva, ni mucho menos, pero conviene saber cuándo tiene sentido analizar una muestra. Lo explicamos en gotelé y amianto.
Cómo comparar presupuestos sin llevarte sorpresas
Cuando tengas dos o tres presupuestos sobre la mesa, no mires solo el total. Mira qué pone. Un presupuesto serio de alisado debería decir cuántos metros se han medido y si son de pared o de vivienda, si incluye techos, cuántas manos de masilla se van a dar y de qué tipo, si hay fijador antes y después, cómo se va a lijar, qué pintura se usa y cuántas manos, y cómo se protege y se limpia la casa. También el plazo, el IVA y la forma de pago.
Pídelo siempre por escrito. No es desconfianza: un presupuesto escrito y desglosado es lo que te permite comparar de verdad, saber qué entra y qué no, y tener algo a lo que agarrarte si al terminar falta algo. Un precio dicho de palabra en el rellano, sin partidas, no te sirve para ninguna de las tres cosas.
Si uno de los presupuestos dice simplemente "quitar gotelé y pintar" con una cifra, pregunta. No porque esa empresa vaya a hacerlo mal, sino porque no sabes qué estás comprando. Tenemos una guía completa sobre qué debe incluir un presupuesto de pintura con los puntos que conviene revisar, y otra sobre el IVA en obras de pintura de vivienda, que también cambia el total.
Y una última recomendación de oficio: pregunta cómo revisan el trabajo antes de pintar. Si la respuesta es "a ojo", ya sabes lo que te vas a encontrar cuando le dé el sol de la tarde.

Si quieres saber cuánto costaría en tu casa
Lo más fiable es que vayamos a verlo: en una visita medimos las paredes, comprobamos si el gotelé es al temple o plástico y te decimos qué hace falta y qué no. Si prefieres una primera orientación, también puedes mandarnos unas fotos por WhatsApp. Puedes ver cómo trabajamos en nuestro servicio para quitar el gotelé y alisar paredes en Madrid o pedirnos directamente un presupuesto gratis y por escrito, con cada partida desglosada para que puedas compararlo con tranquilidad.

