Cuánto cuesta pintar una fachada: precio por m² para casas, chalets y muros
Qué se paga de verdad en un presupuesto de fachada: limpieza, grietas, pintura y accesos. De qué depende el precio por m² en casas, chalets y muros, y cómo comparar presupuestos.

Cuando alguien nos pide precio para pintar la fachada de su casa, casi siempre lo hace con dos o tres presupuestos ya en la mano. Y casi siempre se parecen poco entre sí: uno pone una cifra cerrada sin desglose, otro habla de metros y un tercero incluye cosas que los demás ni mencionan. No es que alguno engañe necesariamente; es que una fachada tiene más partidas de las que se ven desde la calle.
En este artículo vamos a contar qué se paga cuando se pinta una fachada, por qué el precio por metro cuadrado puede cambiar tanto de una casa a otra y cómo puedes medir la tuya para comparar presupuestos con criterio. No vamos a darte una tarifa de memoria, porque sería mentirte: dos fachadas con los mismos metros pueden no parecerse en nada en horas de trabajo. Lo que sí podemos es explicarte qué mirar.
Antes, una aclaración sobre lo que hacemos. Pintamos fachadas de viviendas unifamiliares, chalets, muros, cerramientos de parcela y fachadas bajas a las que se llega desde el suelo, con escaleras, andamio bajo o plataforma. Los edificios altos, las obras con andamio colgante y los trabajos verticales con cuerdas son trabajo de empresas especializadas en altura, y no es lo nuestro.
De qué depende el precio por m² de una fachada
El metro cuadrado es la unidad con la que se suele presupuestar una fachada, pero dentro de ese metro caben situaciones muy distintas. Un muro de parcela de bloque, con el revestimiento sano y que se pinta desde el suelo, está en la parte baja de cualquier comparación aunque tenga muchos metros. Un chalet de dos plantas con algún desconchón, juntas que sellar y zonas de sombra con verdín queda en una zona intermedia. Y una casa con grietas que piden tratamiento elástico, con la pintura vieja cayéndose a trozos o con un acceso complicado alrededor, sube bastante aunque tenga menos superficie.
Lo que mueve de verdad el precio son cinco cosas: el estado del soporte, la cantidad de reparaciones, el tipo de pintura y el número de manos, los recortes y elementos que hay que proteger, y los accesos. Las vamos viendo partida por partida, que es como debería venir un presupuesto bien hecho.
Partidas de un presupuesto de fachada
Un presupuesto serio de pintura de fachadas debería dejar claro qué incluye cada fase. Si solo pone "pintar fachada" y una cifra, pregunta. Estas son las partidas que nosotros miramos siempre.
Limpieza y saneado
La pintura nueva solo dura lo que aguante la capa sobre la que se pone. Por eso lo primero es quitar polvo, hollín, moho y todo lo que esté suelto. En la mayoría de fachadas se hace con hidrolimpiadora a presión controlada, porque una presión excesiva levanta el revoco o mete agua donde no debe. En fachadas orientadas al norte, en zonas con mucha arboleda o en los bajos que salpica el riego, suele hacer falta además un tratamiento antimoho antes de pintar.
Después viene el saneado: rascar la pintura que no agarra, picar el mortero hueco (se nota al golpear con los nudillos, suena a hueco) y cepillar las zonas con salitre. Es trabajo lento y poco vistoso, y es justo la partida que algunos presupuestos baratos se saltan. Si a los dos años la fachada se pela, casi siempre es por aquí. Cuanta más superficie haya que rascar, más horas lleva y más sube el presupuesto, sin que se note en la foto final.

Reparación de grietas y desconchones
Aquí conviene distinguir. Las fisuras finas de retracción, esas telarañas que salen en el revoco con los años, se abren un poco, se limpian y se rellenan con masilla de exterior. Las grietas que se mueven, las que vuelven a abrirse después de taparlas, necesitan masilla elástica o malla y una pintura con elasticidad que acompañe ese movimiento, y eso ya es otro sistema, con más material y más capas.
Y luego están las grietas que no son cosa del pintor: escalonadas en el ladrillo, en diagonal desde las esquinas de las ventanas o que crecen de un año para otro. Esas pueden indicar un problema de estructura o de cimentación, y lo honrado es decir que las mire un técnico antes de pintar encima. Si te las tapamos sin más, volverán a salir y habrás pagado dos veces.
En el presupuesto, la reparación puede aparecer incluida en el precio por metro (cuando es poca) o como partida aparte, por metro lineal de grieta o por horas. Lo importante es que esté escrita y que sepas qué tratamiento se va a dar a cada tipo de grieta.
Tipo de pintura y número de manos
No es lo mismo una pintura plástica de exterior que un revestimiento pétreo liso, un siloxano o una pintura elástica impermeabilizante. Cambian el precio del material, el rendimiento por litro, el número de manos y, sobre todo, cuánto aguantan. Lo explicamos con detalle en el artículo sobre qué pintura usar en fachadas, pero como regla general: en Madrid, con el sol que pega en las fachadas a sur y oeste y las heladas de la sierra, merece la pena una pintura de calidad buena aunque el litro cueste más. La mano de obra es la misma y la diferencia de duración, no.
Lo normal es una imprimación o fijador si el soporte lo pide (revocos que pulverizan, monocapas viejos, zonas reparadas) y dos manos de acabado. Un cambio fuerte de color, de un tono oscuro a uno claro, puede pedir una mano más. Si un presupuesto pone una sola mano, compáralo con eso en mente: no es el mismo trabajo.
Accesos y medios para llegar
En una casa de una planta o un muro de parcela se trabaja con escaleras y caballetes. En un chalet de dos plantas suele hacer falta andamio bajo o una plataforma elevadora que se mueve por la parcela, y cada opción tiene su coste de transporte, montaje o alquiler por días. También cuenta lo que hay alrededor de la casa: setos pegados a la fachada, una piscina, desniveles o patios estrechos donde no entra una plataforma hacen el trabajo más lento.
Si el andamio tuviera que ocupar acera o calzada, además, haría falta autorización municipal y pagar la tasa de ocupación de la vía pública. En un chalet con parcela propia normalmente no pasa, pero en casas adosadas a la calle sí. Lo contamos en el artículo sobre el permiso para pintar la fachada en Madrid.

Recortes, protección y lo que suele quedar fuera
Molduras, recercados de ventanas en otro color, impostas, aleros y zócalos de piedra que hay que respetar suman muchos metros de recorte a brocha, y eso se nota en las horas. Lo mismo pasa con lo que se protege: suelos de terraza, ventanas, toldos, coches y plantas. Tapar bien lleva su tiempo, y se nota al terminar.
Rejas, barandillas, puertas de garaje, aleros de madera y canalones no son fachada, aunque estén pegados a ella. Algunos presupuestos los incluyen y otros no, y es una de las causas más frecuentes de que dos cifras no se parezcan. Si quieres dejar la casa entera a juego, pide que te los presupuesten aparte con el mismo detalle; aprovechar los mismos días de trabajo suele salir mejor que hacerlo por separado. Nosotros también nos encargamos de rejas, barandillas y puertas de garaje, así que es habitual que lo hagamos todo en la misma obra.
Ejemplo: un mismo chalet en dos estados distintos
Vamos a ver un caso típico para que se entienda cómo se construye un presupuesto. Imagina un chalet aislado de dos plantas en una urbanización del noroeste de Madrid, de planta más o menos rectangular de 12 x 8 metros y unos 6 metros de altura hasta el alero.
El perímetro es de 40 metros. Multiplicado por 6 de altura salen 240 m² de fachada bruta. Si descontamos los huecos grandes (la puerta de entrada, un ventanal al jardín y la puerta del garaje, unos 25 m² entre todos), quedan alrededor de 215 m² de superficie a pintar.
Ahora imagina ese chalet en dos situaciones. En la primera, la fachada está sana: hay que limpiarla, sellar alguna fisura fina y dar dos manos de pintura de exterior. En la segunda, la pintura vieja se cae en la fachada a poniente, hay grietas que se mueven en las esquinas, verdín en la cara norte y un seto pegado a la pared que obliga a trabajar de lado. Los 215 m² son los mismos, pero la segunda casa lleva muchas más horas de rascado, un sistema elástico en parte de la superficie, más material y más días de plataforma. El precio por metro no puede ser el mismo, y si alguien te da la misma cifra para las dos sin verlas, desconfía.
Fíjate en que ni siquiera hemos hablado del color. Un blanco o un arena y un gris oscuro cuestan prácticamente lo mismo de mano de obra; lo que puede variar es el número de manos si cambias de un color oscuro a uno claro o al revés. Hablamos de eso en el artículo de colores para fachadas exteriores.

Cómo medir la fachada de tu casa
No necesitas ser técnico para tener una idea de los metros. Con una cinta métrica y algo de paciencia es suficiente, y te sirve para comprobar que los presupuestos que te pasan hablan de la misma superficie.
Mide el perímetro exterior de la casa (la suma de todas las paredes por fuera) y multiplícalo por la altura hasta el alero o el remate de la cubierta. Si la casa tiene hastiales, esos triángulos de pared bajo el tejado a dos aguas, súmalos aparte: base por altura dividido entre dos. Con eso tienes la superficie bruta.
Sobre los huecos, cada profesional tiene su criterio. Muchos descuentan solo los grandes (puertas de garaje, ventanales, porches acristalados) y no las ventanas normales, porque recortar alrededor de una ventana lleva casi el mismo tiempo que pintar ese trozo de pared. Ninguno de los dos criterios es trampa, pero si un presupuesto descuenta todo y otro nada, el precio por metro no es comparable. Pregunta cómo han medido.
Y no olvides los muros de parcela, los petos de terraza y las chimeneas, que se suelen olvidar al medir y luego aparecen en la obra. Si tienes los planos de la casa, mejor todavía: con ellos se calcula en un momento.
Qué debe incluir un buen presupuesto de fachada
Nos pasa mucho que un cliente nos enseña un presupuesto más barato y, al leerlo con calma, falta la limpieza, la imprimación o la reparación de grietas. No hay milagros: si alguien pinta por mucho menos, algo está haciendo distinto. Un buen presupuesto debería decir, como mínimo:
- La superficie que se ha medido y el criterio con los huecos.
- Cómo se va a limpiar y sanear, y qué se hace con las grietas de cada tipo.
- El tipo de pintura (no solo "pintura de exterior"), si lleva fijador o imprimación y cuántas manos de acabado.
- Los medios para llegar a las zonas altas y quién se ocupa de los permisos si hicieran falta.
- Qué queda fuera: rejas, aleros, canalones, puertas.
- El plazo aproximado y qué pasa si llueve o hace demasiado calor.
Pídelo siempre por escrito. No es desconfianza: es la única forma de comparar presupuestos de verdad y de saber qué se ha contratado si luego surge cualquier duda. Si quieres profundizar, tenemos un artículo sobre qué debe incluir un presupuesto de pintura, y en nuestra página de precios explicamos cómo presupuestamos.
Pregunta también por los plazos: una fachada de chalet se pinta en pocos días o en un par de semanas según el tamaño y el estado, pero la lluvia y el calor extremo paran la obra, y eso conviene saberlo desde el principio para no llevarse disgustos.
Si estás pensando en pintar la fachada de tu casa, tu chalet o el muro de tu parcela, podemos ir a verla, medirla contigo y darte un presupuesto gratis y por escrito, desglosado partida por partida. Puedes pedirlo desde la página de presupuesto o mandarnos unas fotos por WhatsApp para una primera idea, y ver antes cómo trabajamos en nuestra página de pintura de fachadas en Madrid.
